El Barça deja sin nada al Atlético y se cita con el Madrid en la final de Copa

A Mounir, el padre de Lamine Yamal, le encanta escuchar rap clásico y cocinar tortillas de patatas. Las hace de fábula. No hace mucho, mandó pintar un mural en el salón de su apartamento. Debía salir él, bien trajeado y sonriente, imponente como buen patriarca, junto a su hijo, estrella adolescente. Mounir, en la obra estampada en la pared, aparece bastante más grande que su vástago. Debe ser el único sitio donde a Lamine aún se le vea pequeñito. En el volcánico Metropolitano asomó como un ser mitológico y gigantesco, indetectable e indescifrable para ese Atlético de Simeone que se dejó la vida por sobrevivir en la eliminatoria (4-4 en la ida). Pero que, tras ser incapaz de rematar a puerta esta vez, pese a llevar el partido a una burbuja física en la que apenas se podía respirar, se queda sin nada este año.

El Barça de Hansi Flick jugará la final de la Copa del Rey frente al Real Madrid el próximo 26 de abril en La Cartuja sevillana. Será la segunda final que disputen azulgranas y blancos después del sometimiento sufrido por los de Ancelotti en la Supercopa de Arabia (2-5), con la Liga y la Champions también entre los objetivos comunes. Un buen atracón de clásicos –el liguero en Montjuïc está programado para el fin de semana del 11 de mayo, y quién sabe qué deparará Europa– del que queda fuera de la ecuación el Atlético. 

Simeone, con su traje de negro sepulturero en el armario porque en la Copa tocaba embutirse en el chándal gris, buscó cuanto pudo resolver los enigmas que plantea un equipo tan vertical como el Barça. Es quizá el Atlético el equipo que mejor le ha competido a este Barcelona totémico. Pero no le bastó. Ni siquiera a Sorloth, que volvió a marcar, cómo no, aunque en fuera de juego para suspiro de Araujo, recambio de Cubarsí en la reanudación.

Antes de que el Barça se propusiera resistir ante un Atlético con tres centrales y tres delanteros en busca de todo, con la fe como único y peligroso recurso, el dominio del escenario de los azulgrana en el primer tiempo fue imponente. Se conocían demasiado. Era el cuarto episodio de esta temporada (una victoria para cada uno en la Liga; un empate y un triunfo para los azulgrana en la Copa), por lo que tocaba buscar nuevas soluciones. 

La plancha de Azpilicueta

Raphinha fue quien más recibió. Incluso Azpilicueta se quedó a un palmo de ser expulsado por una plancha por detrás que el árbitro Munuera Montero, que se encontró con una noche durísima y brusca, entendió como amarilla. Vio ahí algo positivo ahí De Paul, que un suspiro después también atacó el tobillo de Raphinha, como si la bronca del último duelo entre Argentina y Brasil aún no hubiera acabado.

Lamine, que por momentos parece estar por encima de todo y todos, jugó la segunda parte limitado y con sangre empapando su media. Pero él insistió en seguir comandando a un Barça que él aceleraba y frenaba entre fintas, regates en los que la cadera y los pies indicaban direcciones diferentes, y pases que desgarraban el ansia de rebelión rojiblanca.

Simeone sólo pudo aguantar a Reinildo 45 minutos, porque Lamine ya lo había destrozado antes. Esta vez sus roscas no llegaron a la red, pero sus asistencias minaron la debilitada moral del Atlético. Poco después de husmear el gol, Lamine, ante el pesar de un Giménez que no tiró bien la línea, dejó solo a ese Ferran Torres que no desaprovecha una sola de sus oportunidades de juego. Poco importó que Lewandowski se quedara en el banquillo hasta el último tramo. Al delantero valenciano le bastó con un toque para batir a Musso, titular en la Copa, y que nada achicó.

El partido no requería ocasiones, sino criterio y pelota. La reclamó De Jong, cada vez más necesario; Pedri, que juega y recupera cantando nanas, capaz incluso de cerrar el partido con un pelotazo en pleno acoso del Atlético; e incluso Eric García, tipo para todo. Porque el éxito de este Barça no tiene nada que ver con las individualidades o los egos, sino con una misión común que todos han hecho suya. Por mucho que Lamine Yamal no tenga igual. Y salga dibujado pequeñito en el salón.

Ficha técnica:

0 – Atlético de Madrid: Musso; Azpilicueta (Lenglet, m. 46), Le Normand (Molina, m. 58), Giménez, Reinildo (Galán, m. 46); Llorente, De Paul, Barrios, Giuliano (Sorloth, m. 46); Griezmann (Rodrigo Riquelme, m. 81) y Julián Alvarez.

1 – Barcelona: Szczesny; Koundé, Cubarsí (Eric García, m. 58), Iñigo Martínez, Balde; De Jong, Pedri; Lamine Yamal (Gerard Martín, m. 86), Fermín (Araujo, m. 58), Raphinha; Ferran Torres (Lewandowski, m. 73).

Gol: 0-1, m. 27: Ferran Torres.

Árbitro: Munuera Montero (C. Andaluz). Amonestó con tarjeta amarilla a los locales Azpilicueta (m. 6), De Paul (m. 13), Reinildo (m. 31), Julián Alvarez (m. 45) y Molina (n. 59) y a los visitantes De Jong (m. 36) y Balde (m. 71). Enseñó tarjeta amarilla a Diego Simeone, entrenador del Atlético, en el minuto 6.

Incidencias: Partido de vuelta de las semifinales de la Copa del Rey, disputado en el estadio Metropolitano ante 69.014 espectadores. 

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