El hijo del cirujano francés que violó a 300 niños: “Intento separar al hombre que se está juzgando del padre”

Segundo día del mayor juicio por pederastia de Francia. Esta vez era el turno de la familia más cercana de Joël Le Scouarnecsus hijos y su mujer, que en sus manos tenían desvelar algunas de las grandes incógnitas de este caso: cómo pudo este excirujano agredir sexualmente y violar a casi 300 menores durante 25 años sin que nadie de su entorno sospechase nada. 

La sala del Tribunal de Vannes la llenan un centenar de togas. En la última fila, un pequeño grupo de periodistas observan atentamente la puerta por donde aparecerá el primer testigo: Maxime (nombre ficticio), el hijo pequeño de 38 años de Le Scouarnec. 

Se acerca al estrado, y evita mirar al acusado. Su padre. Nervioso, aunque no es la primera vez que tiene que testificar ante la justicia, empieza hablar para dejar claro que intentará que su declaración sea breve. “Cuando detuvieron a mi padre, en 2017, fue cuando lo descubrí todo. Yo no tenía ningún conocimiento de los hechos. Supuso mucho estrés para mí, porque, desde entonces, mi nombre va asociado a todo esto”, cuenta Maxime. 

Declaración

El hijo pequeño de los Le Scouarnec afirma que intenta separar a la persona que se juzga del que fue su padre. “Es mejor así. Prefiero conservar los buenos recuerdos. Conservar la imagen de ese padre presente”, insiste antes de describir la relación que tenía con sus progenitores.  

“Siempre me he sentido más cerca de mi madre. Mi padre era alguien muy inteligente. Se interesaba por muchas cosas. Con él he descubierto muchas cosas. Era agradable en lo cotidiano, aunque con un cierto carácter maniaco. He recibido una buena educación, y tengo buenos recuerdos de mi infancia con él”, explica el benjamín de la familia. 

La declaración de Maxime se alarga más de dos horas, pero en todo momento insiste en que jamás sospechó “nada”. En su casa imperaba la “ley del silencio”, o eso cree ahora. Nadie preguntaba de más, pero tampoco nadie echaba en falta ninguna explicación. 

Una de las preguntas casi obligadas en este macrojuicio por pederastia se la ha hecho el fiscal: “¿Cree que usted también podría haber sufrido por parte de su padre?”. “No, no creo que haya sufrido nada. Aunque me he hecho la pregunta después de conocer todo lo sucedido”. El fiscal vuelve a la carga: “¿Se la ha hecho y le ha generado dudas o simplemente es un no rotundo?”. Insiste Maxime en que “cree que no”.

“Pido perdón”

Este hombre de 35 años admite que ha preferido saber “cuanto menos mejor”, aunque admite que con el tiempo se ha vuelto “paranoico”. “Ahora tengo sospechas continuas. Nunca dejo a mi hijo de 3 años solo con nadie, excepto en la guardería o en la escuela, pero nunca con mi familia”.  

Antes de finalizar su declaración, el pequeño de los Le Scouarnec se dirige a la sala: “Nunca me faltó nada, y ahora, a pesar de los hechos, soy alguien. Esto es gracias a la educación de mis padres. Entonces, sí. Quiero diferenciar a ese hombre del padre. Por eso puedo dar las gracias a ese padre por lo que hizo por mí”. 

La presidenta otorga la palabra a Joël Le Scouarnec para que pueda responder a su hijo menor, con el que no tiene ninguna relación desde 2017. Se levanta, coge el micrófono con las manos temblorosas y la voz entrecortada: “Sé que no me vas a perdonar, pero te quiero. Te pido perdón”. El pederasta confeso se rompe por primera vez, se echa las manos a la cara y vuelve a sentarse. Maxime sale de la sala sin decir nada más. 

Abusos del abuelo

Es el turno del hermano mediano, Quentin (nombre ficticio). Sus recuerdos familiares no son tan perfectos como los de Maxime. Quentin fue agredido sexualmente por su abuelo, el padre Joël Le Scouarnec. “Tengo las imágenes en la cabeza y las tendré toda la vida. Mi padre no estaba al corriente de eso”, explica.

“Ni siquiera puedo odiarlo porque no tengo nada que reprocharle como padre. Pero lo que no puedo perdonar es lo que ha hecho, después de haber sufrido lo mismo, y mi madre también”. Se refiere a los abusos que sufrió su madre por parte de su tío. En Francia, los abusos infantiles en el seno familiar es un problema a gran escala. Según varios estudios publicados en 2022, cerca de 160.000 niños son víctimas de agresiones sexuales cada año en el país. En el 81% de los casos, el agresor es un miembro de la familia. 

“He crecido con un padre ausente, que se preocupaba más por su trabajo, y una madre que tomó el relevo de la familia. No había nada de particular en la vida familiar”, describe Quentin, quien coincide con su hermano en que “nada tiene que reprochar a Joel Le Scouarnec como padre”. 

Aunque los Le Scouarnec insistan en describir a una familia corriente, nada en esta historia es normal: un abuelo agresor y un padre pederasta que utilizaba su bata blanca para violar a cientos de niños en distintos hospitales de Francia con la excusa realizar exploraciones médicas.

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