Estos días se celebra en Inglaterra uno de los juicios futbolísticos del año. Lucas Paquetá, estrella del West Ham y pieza importante de la selección de Brasil, se enfrenta a una inhabilitación de por vida. El motivo es haber forzado, presuntamente, tarjetas amarillas para que personas de su entorno ganaran dinero a través de apuestas deportivas.
En Sevilla, el futbolista Kike Salas espera que un juzgado investigue si, como cree la Policía, forzó hasta siete tarjetas amarillas la pasada temporada para que amigos y familiares ganaran al menos 10.000 euros en apuestas. Hace unos años, Kieran Trippier avisó a familiares que iba a fichar por el Atlético para que apostaran por ello en casas de apuestas, recibiendo una inhabilitación temporal por ello.
Los futbolistas y las apuestas
Son, todos ellos, futbolistas que ganan cientos de miles de euros al año y que intentar estafar (presuntamente al menos) a las casas de apuestas, utilizando información privilegiada como en el caso de Trippier o forzando ellos mismos en el campo que ocurra aquello que les hará ganar dinero. Ilegalmente, claro.

Trippier fue sancionado por promover apuestas sobre su fichaje por el Atlético. / EFE
Porque los futbolistas, al menos en España, tienen prohibido apostar a competiciones en las que participan sus equipos. Y eso incluye a los equipos filiales y los de otras disciplinas deportivas que pueda tener el club, como el Real Madrid o el Barça con sus secciones polideportivas. Una prohibición que alcanza al resto de empleados y directivos de los clubes y hasta a la de los empleados de entidades organizadoras de torneos, como la RFEF o LaLiga.
Talleres de integridad de LaLiga
Esta circunstancia la tienen cada día más presente los futbolistas profesionales de España, gracias en parte a los talleres de integridad que imparte LaLiga en los vestuarios de Primera y Segunda División, así como en los filiales y equipos juveniles de dichos clubes. Pasan al menos una vez por temporada por cada club, pero pueden ser dos, especialmente en aquellos equipos que llegan a los últimos partidos de la temporada sin objetivos clasificatorios. Porque es entonces, con tu equipo ya salvado, descendido o con un billete europeo en el bolsillo, cuando la tentación aumenta. En total, LaLiga impartió 158 talleres durante la pasada temporada.
Cuando falla la prevención, tocar recurrir a la detección de las infracciones. LaLiga y las casas de apuestas trabajan mediante alarmas. Cuando se producen comportamientos anómalos en una determinada apuesta (ejemplo: que un jugador vea una amarilla), esa alarma salta. A partir de ahí, se inicia una investigación para descubrir qué ha podido suceder y detectar potenciales fraudes y sus responsables. Esta temporada, al menos hasta ahora, no ha existido en España ninguna alarma sospechosa de corrupción deportiva.
El caso Osasuna
El proceso posterior, una vez identificado el posible amaño, depende del país. En España, estos casos van a la Justicia ordinaria, que puede tardar años en dictar una sentencia firme. En el caso Osasuna, por ejemplo, los futbolistas Antonio Amaya y Xavi Torres fueron sancionados ocho años después de los hechos, cuando el primero de ellos ya estaba retirado del fútbol. Kike Salas, si es considerado culpable por la Justicia, podría ser inhabilitado dentro de muchos años, pudieron jugar hasta ahora con normalidad. La RFEF le abrió un expediente, pero este queda congelado hasta que falle la Justicia.
En Inglaterra, así como en otros países, es diferente. Casos como el de Paquetá y Tripper se instruyen por la vía administrativa. El presunto fraude del brasileño se destapó el pasado mes de mayo y la sanción, si la hay, podría conocerse en menos de un mes. El castigo, además, sería aplicable a cualquier competición, dado que FIFA asume como propia la decisión que se tome en Inglaterra.
El responsable de esta diferencia es el legislador, que en España ha optado por un trámite mucho más garantista que el de Reino Unido, forzando a la RFEF a dejar en suspenso sus atribuciones sancionadoras en este tipo de casos. A largo plazo, las consecuencias para el infractor son potencialmente más graves, ya que en España este tipo de actividades tienen también consecuencias penales.
Podría darse el caso, si ambos fueran considerados culpables, de que Kike Salas fuera sancionado en España mucho después de que expirara una sanción a Paquetá que le impidiera jugar en LaLiga, mientras el sevillista podría seguir haciéndolo pese a que su presunta infracción sí se cometió en España. Ahí, poco o nada, pueden hacer LaLiga y la RFEF.
Extorsión, ‘phishing’, compra de votos…
Desde LaLiga explican que, en los últimos años, ha crecido el interés de los futbolistas por este tipo de cuestiones. Que los talleres son mucho más participativos que antaño y que incluso los directores de integridad que acuden presencialmente a los partidos reciben ‘in situ’ preguntas de los deportistas, frente a la desconfianza con la que eran observados hace no tanto.
Esta temporada, un futbolista que juega a póker online se llevó un buen susto. La cuenta que utilizaba fue ‘hackeada’ por un tercero para hacer una apuesta a un partido de su propio equipo. El objetivo era extorsionarle. El jugador se puso en manos del departamento de integridad de LaLiga y elevó una denuncia.
También se conoce en LaLiga el caso de dos futbolistas que, mediante ‘phishing’, recibieron una oferta en criptomonedas si sus equipos encajaban un gol en los 10 minutos finales de un partido. Los casos fueron igualmente denunciados, pues la mayoría de futbolistas son hoy conscientes del riesgo que corren en situaciones de este tipo.
Porque, en muchos casos, los amaños están vinculados con otras actividades delictivas. Hace unos años, se detectó un posible amaño del modesto Huracán Melilla en un partido de Copa contra el Levante, club que nada tenía que ver en el caso. A raíz de esta investigación, se descubrió que el presidente del club estaba implicado en una trama de compra de votos por correo para el partido político Coalición por Melilla.
Es, en fin, un mundo con amenazas crecientes, si bien en LaLiga tienen la certeza de que los arreglos de partidos al final de las temporadas, con o sin dinero de por medio, han caído drásticamente en los últimos lustros hasta incluso desaparecer. Nunca se puede afirmar esto con certeza, pues siempre habrá alguno que se salga por la suya, ley de vida. Lo que está claro es que cada vez lo tienen más difícil. Y que los futbolistas y empleados de clubes son hoy mucho más conscientes que antaño de los riesgos que corren si intentan hacerlo.
Enlace de origen : Si juegas, no apuestes: así se caza a los futbolistas que amañan partidos o fuerzan tarjetas