Un ganadero de Primera: El futbolista con tres ascensos que triunfa en el campo

La carrera futbolística de David Mainz despegó a principios de la década pasada. Tras despuntar en clubes como la SD Ejea, el Zuera o el extinto Universidad de Zaragoza (el ‘C’ del Real Zaragoza), el delantero de Sádaba firmó por el CD La Muela de Segunda B, último paso antes de llegar a la SD Eibar, su club fetiche, con el que logró más de 20 goles en dos temporadas y un histórico ascenso a Segunda en 2013, previa de la mejor época de la historia del equipo vasco. Tras una breve estancia en el Wilstermann boliviano, Mainz regresó a Éibar para contribuir con dos goles decisivos en Mallorca al aún más histórico ascenso a Primera.

Un idilio con el éxito que se prolongó un año después en Huesca, con cuatro goles en el playoff que permitieron al equipo oscense subir a Segunda e iniciar también su despegue en el fútbol profesional. Y se quedó a las puertas de un cuarto ascenso, en el Hércules, con el que cayó en 2016 en la final del playoff contra el Cádiz de Dani Güiza. Fue en esos años cuando Mainz comenzó a poner su mirada en su futuro, con un objetivo claro: quería ligarlo a su otra gran pasión, la ganadería.

Mainz celebra su gol al Barcelona en 2016.

Mainz celebra su gol al Barcelona en 2016. / EFE

“Llevaba muchos años con la idea en la cabeza de que quería ser ganadero cuando acabase mi carrera y, cuando estaba en el Hércules, mi socio Diego Pérez y yo pusimos en marcha una ganadería de bovino en Uncastillo, en las Cinco Villas”, cuenta Mainz, que durante esta semana está promocionando sus productos en la Feria de Zaragoza, con motivo de la Figan 2025. Aunque, eso sí, durante los primeros años fueron su socio, Diego Pérez, y su padre, Pedro, quienes tiraron del carro. En ese primer año de vida, la ganadería Limusin San Salvador daba sus primeros pasos a la par que uno de sus propietarios, David Mainz, marcaba un gol al FC Barcelona de Luis Enrique en Copa del Rey. En aquel entonces, Mainz y Pérez manejaban una instalación con 30 cabezas que poco a poco han ido ampliando hasta llegar a las 180 actuales.

Una pasión, la de la ganadería, que al futbolista aragonés le viene de familia, ya que su padre tenía reses bravas que hicieron que Mainz se criase entre recortes a los defensas y a las propias vacas que ayudaba a resabiar. En cambio, el delantero se decidió por el ganado bovino y, con los años, pudo ir reservándole más tiempo hasta llegar a la dedicación completa que tiene hoy en día. Ahora, dice, su ‘hobby’ es el fútbol, pues a sus 39 años sigue goleando con el equipo de su pueblo, el CD Sadabense, con el que suma nueve dianas en Regional Preferente. “Tras el Hércules jugué en el Ebro y volví al Ejea, en Segunda B, y fue a partir de mi fichaje por el Borja de Tercera cuando ya pude centrarme más en el ganado”, recuerda.

Jota Peleteiro y David Mainz celebran el ascenso del Eibar en 2014.

Jota Peleteiro y David Mainz celebran el ascenso del Eibar en 2014. / EFE

En estos momentos, sus preocupaciones profesionales se centran única y exclusivamente en el futuro de su ganadería. Junto a su socio trabajan la raza limusina, procedente de Francia, y dan salida a su ganado por diferentes vías. Una de ellas es la cría de machos y hembras reproductoras, aprovechando el sello de calidad de la raza francesa. En cambio, en los últimos años también han apostado por vender carne directamente al consumidor, totalmente natural. “Podemos repartir por toda España, aunque el 90% se vende en la zona”, remacha Mainz, que señala que venden lotes a partir de cinco kilos “por encargo”. Así las cosas, y tras facturar un centenar de goles, el futbolista cincovillés da sus últimos coletazos en el deporte rey mientras expone su gran pasión en Figan.

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